DEL TENER AL SER
El sentido de la vida
Dos cuestiones que estuvieron presentes en el pensamiento frommiano fueron el sentido de la vida y la finalidad de la vida, mismas que lo llevaron a plantearse qué son las necesidades humanas. A la primera de estas preguntas él responde que el sentido de la vida debiera ser su más perfecto ejercicio y la más plena realización de sus posibilidades, lo cual estaría supeditado a algunas condiciones, tales como vencer la codicia, el engaño y el odio y conseguir amor y participación, como condición para alcanzar un grado óptimo de ser.
Estas mismas cuestiones preocuparon a los pensadores de todas las épocas. Spinoza define el fin de la vida como “un desarrollo propio que nos acerque todo lo posible al modelo de la naturaleza humana, llegando a ser plenamente lo que somos en potencia, con base en la razón y la propia naturaleza del hombre”. Al hablar de la razón, Spinoza se refiere a conocer el mundo tal cual es, pero dice Spinoza que nuestra razón sólo obra hasta el punto en que no esté sofocada por la codicia. Esta idea de la liberación que acompañó al pensamiento del Renacimiento y de la Ilustración se ha perdido en la sociedad industrial, de modo que si queremos superar la crisis de la humanidad habrá que empezar por ver cuáles son las cadenas exteriores y las interiores.
1. La gran mentira
La principal dificultad para distinguir entre lo auténtico y lo falso es que el valor de una mercancía se encubre con el que indican la publicidad y el nombre e importancia del productor. Otra razón es que debido a la fascinación del poder y la fama que ejercen en el hombre medio, éste se inclina a creer la propaganda. Expresiones como “potencial humano” y “desarrollo humano” han sido utilizadas con fines de explotación. Esto es lo que Fromm llama la gran mentira en el terreno de la salvación del hombre, de su bienestar, desarrollo y felicidad, porque la gente está confusa e insegura y busca respuestas que le proporcionen alegría y la salvación sin que se le pida el mínimo esfuerzo y obtenga rápidos resultados. Esto dio pauta a que muchos movimientos que ofrecían un buffet espiritual tuvieran grandes ganancias en la segunda mitad del siglo pasado (ejemplos son la Dianética, la Gran Fraternidad Universal, por mencionar sólo algunos).
2. La charla trivial y sus malas compañías
Las raíces de la palabra trivial son tri-via (cruce de tres caminos) y se usa para denotar “tópico” vulgar, mediocre e insignificante. De la trivialidad de la mayoría de las charlas uno se inclinaría a pensar que la gente necesita guerras, crímenes y escándalos para tener algo de qué hablar y un motivo para comunicarse. Pero la mayor parte de la charla trivial quizá sea, dice Fromm hablar de sí mismo. Sin embargo se trata de una conversación enajenada. ¿No será, dice Fromm que la gente tiene miedo a una relación íntima con el otro, pero también tiene miedo a la soledad, y de esta forma, la conversación trivial resuelve el problema de cómo seguir estando solo sin quedar aislado?
Para contestar a esta pregunta, debe tenerse en cuenta una ley de las relaciones humanas: no hay encuentro entre dos personas que no tenga alguna consecuencia para las dos. De esta forma Fromm sugiere que cuando no podamos evitar las malas compañías, no debemos dejarnos engañar: tenemos que ver la insinceridad tras su máscara de amabilidad; la destructividad, tras la máscara de las eternas quejas sobre lo desgraciadas que son; el narcisismo que esconden detrás de su encanto.
3. La vida “sin esfuerzo” y “sin dolor”
En nuestra era, la era de la cibernética, está muy difundida la idea de que saber vivir implica que las cosas nos subsuman en mínimo esfuerzo posible, lo cual represente otro obstáculo para aprender el arte de vivir. Esta ideología está muy arraigada hasta en nuestro lenguaje, la gente dice “tómalo con calma, no te rompas la cabeza” etc. De tal forma que del profesor que insiste en el trabajo se dice que es “autoritario” o que está “chapado a la antigua”. De la liberación de la máquina se ha derivado el ideal de pereza absoluta, el horror a cualquier esfuerzo verdadero. Vivir sin esfuerzo, es el ideal del hombre moderno. Pero una de las bases más firmes de la solidaridad está en la experiencia de compartir el padecimiento propio con el padecimiento de los otros.
4. El miedo al autoritarismo y el ideal del capricho
Otro obstáculo en el camino al ser es el miedo a todo lo que se considere autoritario, “impuesto” al individuo, que exija disciplina. Si bien la libertad burguesa tiene en gran parte raíces económicas, poco a poco, con la voluntad de proteger la propiedad este genuino deseo existencial de libertad fue convirtiéndose en mera ideología. Pero, la importancia histórica que tuvo la “revolución sexual” fue contrabalanceada con los “efectos secundarios”, menos beneficiosos. Se ha tratado de establecer la libertad del capricho, en vez de la libertad de la voluntad. ¿Qué diferencia hay? Un capricho es un deseo que surge espontáneamente, sin ninguna conexión estructural con la personalidad entera ni con sus fines.
Un criterio general del capricho es el responder al “por qué no” en vez de al “por qué”. En realidad, obedecer al capricho es consecuencia de una honda pasividad interior, añadida al deseo de evitar el aburrimiento.
El mayor escenario en que se representa la ficción de la libertad personal es el terreno del consumo. Este espejismo de que al comprar somos libres la da el truco empresarial de la diferenciación de sus productos, es decir tenemos la fantasía de haber decidido libremente entre comprar unas papitas Barcel en vez de unas Sabritas, solamente si ignoramos que ambas son propiedad del Grupo Bimbo.
Podemos establecer una ley psicológica general: cuanto mayores sean la sensación de debilidad y la falta de voluntad auténtica, tanto más aumentará el sometimiento, o el deseo obsesivo de satisfacer los caprichos y defender lo espontáneo ¡Pero el “antiautoritarismo” puede servir, y ha servido, para justificar la complacencia narcisista, la vida puerilmente sibarita de un placer sin trabas!
CAMINOS DE LA CONCIENCIA
1. Querer una sola cosa
Decía Soeren Kirkegaard que la primera condición para alcanzar algo más que la medianía en cualquier terreno, incluyendo el “arte de vivir” es querer una sola cosa. Ello supone haber tomado una decisión, haberse fijado un objetivo. Significa que la persona entera se orienta y dedica a lo que ha decidido.
Cuando las energías se dividen entre varios objetivos, merma el total de energía. Sirva de ejemplo, la neurosis obsesiva. Cuando los objetivos no son tan ferozmente contradictorios, se pierde menos energía; pero de todos modos, disminuye mucho la capacidad de alcanzar un objetivo. Esto es válido tanto para el asaltante de bancos, como para el científico o el artista.
No obstante, es fácil observar, dice Fromm, cuántas personas se debaten entre objetivos contradictorios. Esto es en parte consecuencia de una escisión de la cultura, ejemplo de ello son la caridad y el altruismo cristianos, junto con la indiferencia y el egoísmo burgueses. En la sociedad industrial contemporánea, hay menos oportunidades de hacer las cosas cabalmente: la creciente mecanización y regularización del trabajo irá reduciendo cada vez más estas posibilidades. El interés y el afán de perfección siempre estarán limitados en todo tipo de producción en serie.
2. Estar despierto
Dice Fromm que actualmente se habla mucho de alteración y ampliación del estado de conciencia y lanza la siguiente ironía ¿Por qué habrá de querer alguien alterar su conciencia, cuando en su ser normal ni siquiera ha alcanzado el estado de una conciencia normalmente desarrollada? Regresan del “viaje” sin haber cambiado nada, sigue siendo lo que antes era: una gente semi-despierta.
Fromm emplea el término semi-despierto para referirse al estado mental corriente de la mayoría, porque la verdad es que paradójicamente, estamos más despiertos cuando dormimos que cuando no dormimos, y nuestros sueños son una prueba fehaciente de nuestra actividad creadora, mientras que el soñar despiertos manifiesta pereza mental.
Todo el mundo conoce la diferencia entre el estado de vigilancia, claridad y agudeza mental, y el estado de torpeza pesadez o desatención que no podemos atribuir a la falta de sueño, ya que podemos pasar de uno a otro estado mental con facilidad. Pero sería erróneo creer que la cualidad de estar despiertos es independiente de los estímulos. Nos despertamos en la forma y hasta el punto en que lo exigen una tarea vitalmente necesaria (como el trabajo y la defensa de los intereses) o un fin pasional (como la pasión por el dinero). Vemos que se trata de una vigilia parcial, por así decirlo, utilitaria. El ejemplo más obvio es la influencia de personas.
Hay otro estado diferente, de vigilia total, somos conscientes de nosotros mismos y del mundo, las personas y la naturaleza. Es como si un velo se descorriera y pudiéramos ver lo que siempre había estado ahí pero nuestra neurosis nos impedía ver, es la meta suprema del psicoanálisis humanista.
3. Hacerse consciente
¿Qué significa hacerse consciente?
Conciencia significa un saber profundo, total y participativo, por el que descubrimos, “reconocemos” o “nos damos cuenta” de algo inesperado o que no era petente. En otras palabras, “hacerse consciente” significa enterarse (integrarse, completarse) en estado de atención concentrada.
Pero la conciencia de nuestros sentimientos y estados de ánimo se contraponen al sentimiento. Es decir, mi sentimiento existe aunque yo no piense en él.
Este tipo de conciencia se refiere a lo que no está oculto. Hay otro tipo de conciencia, el llegar a conocer lo que estaba oculto. La podríamos llamar conciencia reveladora, descubridora. A este género de descubrimientos pertenecen las aportaciones de Marx y Freud.
Pero, hemos de preguntarnos si la conciencia puede ser liberadora y si esta liberación es conveniente. Fromm responde que definitivamente sí. Aun el hombre en su lecho de muerte, debería saber que padece un cáncer terminal y darle la oportunidad de tener una muerte digna.
Pero sucede que la mayoría de las personas y de las clases sociales no pueden soportar un desengaño sin solución positiva. De modo que, aunque el crítico hable como un ángel, no escucharán.
Llegar a conocer la verdad tiene un efecto liberador: libera energía y despeja la mente, independiza, ayuda a encontrar el equilibrio dentro de sí mismo y vivifica. Cuantos más individuos lleguen a quitarse el velo de los ojos, tantas más probabilidades habrá de que produzcan cambios sociales, e individuales.
Para llegar a ser verdaderamente conscientes se requiere volverse críticos, dudar, ser desconfiados y radicalmente escépticos, no someterse. Si no hay un interés candente, la razón y la crítica se hallan poco activas, parece faltarnos la capacidad de observación.
4. Concentrarse
La capacidad de concentración, dice Fromm ha llegado a ser un bien escaso en la vida del hombre cibernético. Se conversa sin dar ni recibir atención. Tenemos miedo a concentrarnos porque tenemos miedo a perdernos si nos dejamos absorber demasiado por una persona, una idea o un hecho. Cuanto más débil sea el yo, más miedo tendrá a perderse en el no-yo en el acto de la concentración. Dice Fromm que creemos que la concentración es una actividad demasiado intensa, que nos cansará enseguida, pero la verdad es que la falta de concentración cansa, mientras que la concentración despierta. Enseguida detalla el autor algunas técnicas destinadas a desarrollar la capacidad de concentración, que él mismo ha ejercitado.
5. Meditar
En contraposición con las formas autosugestivas de meditación están aquellas cuya finalidad es alcanzar un grado superior de falta de apego, codicia y engaño. El cultivo ordenado de la recta atención es para el budismo zen que Fromm practicaba la base indispensable de la recta vida y del recto pensamiento. La atención abarca, dice Fromm al hombre entero y todo su campo de experiencia, y agrega que quien ha llegado al estado de plena atención es ya alguien despierto. Lo primero que hay que atender es a la respiración, después a las posturas.
Lo esencial del budismo es que, con plena conciencia de la realidad, pueden vencerse la codicia y el odio, y por tanto, el sufrimiento. Es una doctrina filosófico-antropológica que propone unas normas de vida basadas en el análisis de los datos observables sobre la existencia humana. Al reducirse la imprevisibilidad de lo inconsciente, la confianza en sí mismo encontrará un fundamento más seguro.
Lo esencial en la meditación budista es alcanzar la máxima conciencia de la realidad, y más particularmente, del propio cuerpo y del propio espíritu. La misma finalidad que persigue el psicoanálisis humanista.
EL AUTOANALISIS COMO MEDIO PARA CONOCERSE A SÍ MISMO
1. El psicoanálisis y la conciencia
a)La importancia del psicoanálisis como medio para conocerse a sí mismo.
En este apartado Fromm hace referencia a los objetivos del psicoanálisis, a saber la cura del paciente haciendo consciente lo inconsciente y hace algunos cuestionamientos a la teoría de la libido de Freud en el sentido de que no alcanzó a vislumbrar que una energía psíquica pudiese mover al hombre a menos que esta pudiera ser fisiológica.
Le concede, sin embargo a Freud la importancia de haber desenmascarado la hipocresía, puso en duda las virtudes mostrando con qué frecuencia estas son solamente formas de resistencia para ocultar la realidad interior. Afirma que la teoría de Freud supera el fin estrictamente terapéutico, y que puede ser un método para alcanzar la liberación interior adquiriendo conciencia de los conflictos reprimidos.
b) Las limitaciones del psicoanálisis como medio para conocerse a sí mismo
Ya se mencionó en otro apartado que está muy difundida la creencia de que la vida no debe comportar ningún esfuerzo, de modo que en cuando alguien se encuentra en dificultades corre con el psicoanalista para que lo ayude a salir de ellas. Pero, únicamente la forma de vida más superficial, más enajenada, puede no exigir decisiones conscientes. Erróneamente se piensa que el psicoanálisis les ofrecerá tal claridad interior que podrán decidir sin dificultad ni esfuerzo. Nada más falso.
Fromm nos alerta sobre el peligro de que el paciente busque - y encuentre – en la figura del analista una nueva figura paterna de la que se llegue a depender, obstaculizando así el propio desarrollo. Que esto suceda con tanta frecuencia, dice, se debe a un defecto de la teoría freudiana clásica. No solamente el niño es impotente, también el adulto lo es. Esta impotencia está arraigada en la condición humana, esto es lo que, aduce Fromm no vio Freud. Así, por motivos existenciales e históricos el hombre trata de apegarse a “auxiliadores mágicos” bajo muchas formas: chamanes, sacerdotes, psicoanalistas.
Otro peligro del psicoanálisis tradicional es que a menudo el paciente sólo finge querer cambiar, pero no está dispuesto a experimentar el dolor y la angustia que son inseparables del propio desarrollo y de la consecución de la independencia; cree en la “curación por la palabra”, pero no hay tal.
Otro peligro del psicoanálisis tradicional es la “cerebralización” de la experiencia afectiva que llevan a convertir el psicoanálisis en una ideología. Lo que pretendía ser un método de conciencia ha llegado a transformarse en una investigación intelectual.
c) El psicoanálisis transterapéutico como medio para conocerse a sí mismo.
El objetivo transterapéutico del psicoanálisis es la propia liberación del hombre mediante la máxima conciencia, la consecución del bienestar, la independencia, la capacidad de amor y de pensamiento des-engañado, crítico: el ser en vez del tener. Lo decisivo del análisis transterapéutico es que sus fines no se detienen cuando el paciente vuelve a la “normalidad”. El procedimiento es más activo directo y estimulante. No se centra en la sexualidad y en la familia, sino en la existencia humana y en la estructura social, porque en la sociedad actual el hombre que no se haya enajenado no puede menos que sentirse solo, impotent y aislado. No será raro que padezca una neurosis derivada de su situación de hombre cuerdo en una sociedad loca. En resumen, todas las formas de neurosis indican que no se ha resulto bien el problema de vivir.
2. El psicoanálisis transterapéutico, como introducción al autoanálisis
Equivocarse de analista puede ser tan malo, dice Fromm como equivocarse en el matrimonio. A qué escuela pertenezca el analista, significa poco. Los neofreudianos no son necesariamente más de fiar que los otros. La escuela quizá más alejada de la propuesta de Fromm es la freudiana ortodoxa por el lastre de la teoría de la libido y su parcial atención a la experiencia infantil.
El aprendizaje del autoanálisis no insume más de tres meses porque el analista no debe ser pasivo, debe darle a conocer al analizando sus conclusiones y analizar su resistencia, sus sueños y emplearlos como guía de su diagnóstico y comunicarle su interpretación. El mejor método es el análisis introductorio como preparación para el autoanálisis.
Fromm sostiene que el cerebro humano tiene una tendencia propia a la salud y al bienestar. En lo somático existe esta tendencia a la conservación de la salud. Son factores desfavorables al autoanálisis los estados de patología grave. Otros importantísimos son las condiciones materiales de la vida. Quien viva en un grupo en el que todos tengan el mismo defecto se inclinará a considerarlo normal. Por último, es de gran importancia la condición cultural y espiritual de una persona. La mera inteligencia, en cualto tal, no parece ser un factor decisivo.
3. Métodos de autoanálisis.
1.Podemos comenzar por observar ciertos síntomas y seguirles la pista para averiguar qué los provoca como reacción, cuál es la experiencia inconsciente que se oculta tras la sensación manifiesta.
2. Otra introducción al autoanálisis es la que corresponde al métododo de las asociaciones libres.
3. Otro es el autobiográfico, consistente en meditar sobre nuestro propio historial, desde la infancia hasta nuestros proyectos a futuro.
4. Otro método de autoanálisis es descubrir las discordancias entre nuestros objetivos conscientes y los que no conocemos. En los casos de grandes contradicciones entre los dos planes es cuando se producen conflictos graves, inseguridad, dudas y pérdida de energía. Un ejemplo de planes ocultos, sería el caso de la persona que quiere salvar a la madre del padre cruel, y a través de su admiración llegar a ser el hombre más grande del mundo. Las tragedias griegas griegas se valían de este mecanismo, por llamarlo de alguna manera, tal como lo vemos en la tragedia de Sófocles, Edipo rey.
5. Un quinto método es centrar nuestros pensamientos y sentimientos en torno a los fines vitales. Este método exige que podamos estar medianamente seguros de habernos quitado la máscara y de estar a punto de tomar conciencia de quiénes somos. Esto se extiende a los demás y a la vida política y social, es decir el autoanálisis debe procurar también la conciencia de la realidad de otras personas así como de la vida política y social. Tenemos que estar seguros de lo que hay oculto en otros, porque lo que ocurre en nuestro interior no es sólo intrapsíquico, sino interpersonal. Que la mayoría de la gente, incluido yo mismo, miente sin saberlo; que “defensa” significa guerra, “deber” significa sumisión; “virtud” obediencia, “pecado” desobediencia.
A menos que pueda analizar los aspectos inconscientes de la sociedad en que vivo, no podré saber quién soy yo, porque no sabré qué parte de mí no es mía.
4. Observaciones prácticas
Fromm recomienda que el autoanálisis se practique con regularidad como la meditación y la concentración. Independientemente del resultado, el esfuerzo en sí es liberador. Un esfuerzo no es igual que otro, ni una fatiga es igual que otra. La fatiga del trabajo es distinta de la fatiga de una enfermedad. Pero en nuestra tradición occidental, el deber y la virtud se consideran opresivos, tiránicos.
El autoanálisis como el análisis a dos presenta una dificultad: las consecuencias de la verbalización. Debemos tener presente que los sentimientos no pueden ser puestos en palabras, porque el sentimiento fluye constantemente y desborda el recipiente, la palabra-recipiente. Cuando la palabra sigue relacionada con el sentimiento, que lleva al “extrañamiento”, o sea, cuando la palabra se ha independizado, hemos empezado a hacer juegos de palabras, y debemos empezar a analizar la resistencia que nos induce a cerebralizar los sentimientos.
Otro peligro que comporta el autoanálisis es ceder sin darse cuenta a las propias resistencias y justificaciones. Sin embargo una vez que se han superado estos escollos Fromm recomienda que el autoanálisis debe hacerse todas las mañanas durante treinta minutos por lo menos. Una vez que se ha tomado esta costumbre, resultan muy gratas tales situaciones de “no tener nada que hacer”, porque llegan a ser enriquecedoras y gozosas
Podría parecer que el autoanálisis refuerza la tendencia a ocuparse de sí mismo, es decir, que sería justo lo contrario al objetivo de desembarazarse de la esclavitud del yo. Eso solamente sucede en un autoanálisis mal hecho. El verdadero autoanálisis llega a ser un rito de purificación que nos permite ocuparnos un mínimo de nosotros durante el resto del día. Y al final, se hace innecesario, porque ya no quedan obstáculos que se opongan a la plenitud del ser. Mientras tanto, yo no puedo escribir sobre este estado, porque no lo he alcanzado.
A menos que obtenga un cuadro de su individualidad en todos sus detalles, no puede empezar a comprender a esa persona. Si el interés por ella pasa de los planos más superficiales a los más profundos, pasará necesariamente de lo particular a lo universal. Este “universal” es la sustancia de lo inconsciente, que es común a todos los hombres, por ser idéntica su condición existencial, y no por cierta herencia racial, como creía Jung. El examen profundo de lo inconsciente es una manera de descubrir dentro de sí mismo a la humanidad y a cualquier otro hombre.
LA EVOLUCION DE LA ORIENTACION AL TENER
La vida, dice Fromm tiene dos dimensiones para el ser, su acción y los objetos. En comparación con la cantidad de cosas de las que tiene que ocuparse una persona hay que considera la importancia de sus actos. Y si bien el espectro de las cosas es muchísimo menor para el cazador primitivo que para el hombre cibernético, el espectro de la actividad humana no muestra semejante diferencia. En realidad el hombre primitivo hacía más y eras más que el hombre industrial. No tenía esclavos que trabajasen para él, las mujeres no eran una clase explotada y no tenía máquinas ni animales que lo ayudasen. Se objetará que esto es cierto de las actividades físicas; pero, respecto del pensamiento, la observación, la imaginación, la pintura y la especulación filosófica y religiosa, el hombre primitivo estaba muy por detrás del hombre de la era industrial.
Pero tampoco esta objeción es válida si tomamos en cuenta que instrucción consiste en la oferta de n conocimiento adquirido por otros, de una información que aprender de memoria. Podemos concluir que el hombre medio de hoy piensa muy poco por sí mismo. Ni siquiera el de cultura elevada, sobre cuestiones religiosas, filosóficas, ni aun políticas. No hace más que adoptar estereotipos políticos y religiosos, pero sus conclusiones no las extrae de un pensamiento propio, activo y penetrante.
El hombre primitivo en cambio estaba obligado a observar por sí mismo y a aprender de sus observaciones. Su vida dependía de que adquiriera ciertas habilidades, y las adquiría por su propia obra y acción, no en un “curso acelerado de veinte lecciones”. El hombre primitivo tiene un rico conocimiento del mundo natural, también está muy bien desarrollado su conocimiento de las mareas, de los fenómenos meteorológicos en general. El cazador aprendía la conducta y la anatomía de los animales, incluidas las suyas. Primero se doméstico a sí mismo y después se volvió hacia otros animales y hacia las plantas. Su vida era un constante proceso de aprendizaje. En este sentido la caza fue la escuela que hizo autodidacta al género humano.
En la actualidad se hacen los mayores esfuerzos por erradicar el analfabetismo, como si fuese casi un defecto mental. Estos juicios desconocen que los pueblos que no saben leer y escribir, tienen una memoria extraordinaria. Que toda la tradición literaria como los Vedas, los textos budistas, el Antiguo Testamento fueron transmitidos fielmente de generación en generación siglos antes de que fuera inventada la escritura. Cuando la información queda asegurada en la anotación la facultad de la memoria no tiene razón de ser.
En la pintura puede verse también este mismo principio acerca de que el hombre primitivo era más activo. Las cavernas del sur de Francia testimonian la genialidad de los Leonardos y Rembrandts de fines de la era glacial. Desde la aparición del homo sapiens-sapiens hace unos cuarenta o cincuentamil años, los hombres manejaban pocas cosas hechas por la mano del hombre, pero aplicaban muy activamente sus facultades de pensar, observar, imaginar, pintar y esculpir.
Si quisiéramos representarlo en términos cuantitativos, la relación entre las cosas y sus actos era de uno a cien entre los pueblos más primitivos, mientras que, en el hombre moderno sería de cien a uno.
El cuadro que tenemos del artesano medieval es diferente y, sin embargo, parecido en muchos aspectos. Trabajaba con interés, con cuidado, y no se aburría. Intervenía en muchas actividades comunes. Ni el artesano, ni el campesino vivían de ver a otros afanarse, disfrutar o padecer. Lo que llenaba sus vidas era consecuencia, en gran parte, de sus actos y experiencia, empleaban productivamente sus facultades y disfrutaban el ser.
El hombre contemporáneo de la sociedad cibernética ciertamente, participa en la producción del automóvil, pero únicamente puede decirse en el sentido abstracto que el obrero haya producido un coche. En primer lugar son las máquinas las que lo han fabricado. Ni siquiera el ingeniero en diseño puede atribuirse la fabricación del auto, como tampoco el director, ya que para el directivo, el coche pierde su apariencia física y se convierte en mercancía, se ha convertido en un producto enajenado.
En verdad, las actividades que exigen capacidad son cada vez menos frecuentes. Esta diferencia entre el esfuerzo (y capacidad) y el resultado es uno de los caracteres más significativos y patógenos de la sociedad moderna, lo cual nos lleva a concluir que: el hombre se halla totalmente desamparado en su mundo. El dominio del hombre sobre la naturaleza es casi enajenado: no se dbe a verdaderas facultades humanas, sino a la “megamáquina”. Puede decirse, por tanto, que el hombre moderno vive en relación simbiótica con el mundo de las máquinas. Por eso adora sus máquinas: le prestan su fuerza y le engañan haciéndole creerse un gigante, cuando sin ellas es un inválido. Los ídolos no eran más que trozos de madera o piedra, y su única fuerza era la que le transmitía el hombre. Las máquinas, como los ídolos, son producto de su imaginación técnica, pero que han llegado a dominarlo.
Prometeo, dice Fromm trajo el fuego a los hombres para liberarlos del dominio de la naturaleza. En este momento de su historia, los hombres se han esclavizado a ese mismo fuego que había de liberarlos. El hombre de hoy, que lleva máscara de gigante, depende del buen funcionamiento de la economía, lo cual lo lleva a preguntarse ¿Quién soy yo?. Tiene muchas cosas y usa muchas cosas, pero es muy poca cosa. Tiene tanto miedo a cualquier cambio social que toda perturbación del equilibrio significa para él caos y muerte: si no muerte física, la muerte de su identidad.
DOS CLASES DE TENER
1. Propiedad funcional y propiedad no funcional
Lo que uno tiene es propiedad suya. Pero este argumento, no parece bueno para demostrar la universalidad de la propiedad, porque un esclavo no posee su cuerpo; y el obrero más explotado no es dueño de su energía física, por lo que aun esta propiedad de su cuerpo es discutible.
Sabemos que los pueblos más primitivos no tenían propiedad privada, excepto de las cosas que sirven para uso personal directo, como el vestido, la ornamentación, y las herramientas. En el estado de la naturaleza, todas las cosas se tenían en común. Para la Iglesia, la propiedad privada es consecuencia del pecado original, del mismo modo que la dominación del varón sobre la hembra y la lucha entre el hombre y la naturaleza.
Convendría distinguir entre diversos tipos de conceptos de propiedad.
1) La propiedad como derecho absoluto sobre un objeto (viviente o no viviente), heredado, recibido en regalo o robado.
2) El segundo concepto popular en la Ilustración afirma que el derecho a la posesión depende del esfuerzo que se haya hecho para crearla, pero esta afirmación de John Locke acerca del papel productivo de la persona en la creación de la propiedad pierde su significado cuando hace la reserva de que puede transmitirse libremente a otros que no hayan trabajado por ella.
3) Hegel sostiene que tiene que haber propiedad, porque “la persona para ser en cuanto idea, tiene que darse una esfera externa de libertad”. Marx ha formulado que la propiedad es una exteriorización de la voluntad humana y mientras que el hombre esté enajenado de su trabajo, la propiedad no podrá ser propiedad suya.
Otra distinción radicalmente diferente es la que se da entre propiedad funcional y propiedad no funcional o muerta. Lo que es particular de una persona como las cosas de uso diario y a las que con su trato cotidiano cede parte de su individualidad, su vestido y sus herramientas o su casa pertenecen al rango de propiedad funcional. El cuerpo es propiedad natural y no es sólo una “posesión”: es también un instrumento que utilizamos para satisfacer nuestras necesidad.
En muchas culturas primitivas carentes de propiedad privada, una relación entre hombre y mujer se reconoce socialmente como matrimonio sólo mientras se aman. Cuando la relación pierde su función, cada uno es libre de dejar al otro porque ninguno de los dos tiene al otro.
Con la propiedad institucional la ley declara que mi casa, mi tierra y todas mis cosas, además de mi mujer y mis hijos son propiedad mía, yo los tengo y no importa si no cuido de ellos: puedo quemar mi casa o un cuadro, aunque sea una obra de arte.
En el curso de la historia, dice Fromm han cambiado las ideas. Hoy matar a la propia esposa o al propio hijo es un crimen penado por la ley, pero los malos tratos son ejercicio de su legítima autoridad (es decir, de sus derechos de propiedad)
La forma extrema de propiedad y posesión jurídica es la propiedad del capital. El hacha es un bien de capital, pero sólo tiene valor cuando sirva, en cambio el capital es valioso aunque no esté invertido y si el dueño lo invierte, éste no está obligado a emplear su capacidad ni a hacer ningún esfuerzo proporcionado para obtener un beneficio, lo mismo ocurre con la tierra, que es la forma más antigua de capital. Mi derecho sobre la propiedad de la tierra me permite a mí como dueño extraer beneficio de ella sin que yo haga ningún esfuerzo, la rento. Por consiguiente la propiedad no funcional puede llamarse también propiedad muerta.
2. El tener orientado al ser y el tener orientado al poseer.
El hombre no puede existir sin “tener”, pero puede existir muy bien con un tener puramente funcional, que es como existió durante los primeros cuarenta mil años.
Definámosla:
La propiedad funcional es una necesidad real y existente del hombre; mientras que la propiedad institucional satisface una necesidad patológica, condicionada por ciertas circunstancias socioeconómicas.
Con el aumento de la civilización, disminuye la propiedad funcional de cosas. El cambio de función ocurre en el momento en que la posesión deja de ser un medio para la vida y la productividad, transformándose en un medio de consumo pasivo-receptivo.
En una sociedad centrada en torno a la propiedad, la propiedad muerta concede poder a su dueño. El rico y poderoso puede influir sobre los demás intimidándolos o comprándolos. Dice Marx “soy feo, pero puedo comprarme la mujer más bella, luego no soy feo, porque la fealdad es aniquilada por el dinero. ¿No es el dinero el vínculo de todos los vínculos? Continúa Fromm en su cita de Marx. Aunque sea cobarde, es valiente quien puede comprar la valentía. El dinero es la fraternización de las imposibilidades. Pero, si suponemos al hombre como hombre ya su relación con el mundo como una relación humana, sólo se puede cambiar amor por amor, confianza por confianza, etc. Así, si amas sin despertar amor, es decir, si tu amor, en cuanto amor, no produce amor recíproco, si mediante una exteriorización vital como hombre amante no te conviertes en hombre amado, tu amor es impotente, es una desgracia”.
Por último queremos señalar que la cuestión esencial es si la posesión fomenta la actividad y la vitalidad del individuo o si paraliza su actividad y favorece la indolencia, la pereza y la improductividad.
3. Significado psicológico de las dos clases de tener
Tener como fenómeno mental y afectivo. Este emparejamiento de posesión y uso tiene varias consecuencias: una es que tener sólo lo que uso me estimula constantemente a ser activo; impide que surja la avaricia porque la cantidad de cosas que yo pueda querer tener está limitada a mi capacidad de usarlas productivamente; otra consecuencia es que difícilmente podré ser envidioso mientras estoy ocupado usando lo que tengo; y la cuarta consecuencia es que no estaré preocupado por el miedo a perder lo que tengo, pues la propiedad funcional puede reemplazarse fácilmente.
La mayoría de la gente se caracteriza por un particular modo mixto de tener y ser en su estructura de carácter.
El hecho de que en las fases del desarrollo psicosexual Freud haya considerado que el predominio de la orientación a la posesión es un período anterior al logro de la madurez plena y que este predominio convertido en permanente, es patológico, que la persona interesada solamente en tener y poseer es una persona neurótica mentalmente enferma, es una crítica a la sociedad en que Freud vivió y pasó desapercibida ¿Sería, dice Fromm porque no era corriente relacionar la psicología individual con la psicología social? ¿O era tan indiscutida la propiedad como valor supremo que nadie se molestó en recoger el guante? ¿O bien, el ataque de Freud a la moral sexual de la clase media se enfrentó a una reacción tan encarnizada porque esta servía para mantener la hipocresía, mientras que la actitud ante el dinero y la propiedad era tan sincera que no necesitaba defensa?
En verdad, dice Fromm, el dinero es puesto en los más íntimos vínculos con el excremento dondequiera que domine, o que haya perdurado, el modo arcaico de pensamiento.
Esencialmente el tener posesivo se debe a una menguada capacidad de la actividad productiva. Esta merma puede obedecer a muchos factores como la intimidación, la falta de estímulo y el mimo precoces. Pero esta relación se produce también a la inversa: la orientación al tener y su satisfacción debilita la capacidad de esfuerzo. Cuanto más tenga una persona, tanto menos la atraerá esforzarse activamente. El tener y la pereza interior acaban por formar un cirsulo vicioso que una cosa refuerza la otra.
4. Ejemplos de tener no funcional
Son ejemplos del tener no funcionar el mezquino, el poseer a otras personas y el consumir
EN CAMINO DEL TENER AL SER
Si el bienestar es el fin supremo, se nos presentan dos buenos cambios para alcanzar esta meta: superar nuestro narcisismo y superar nuestra estructura existencial posesiva.
El narcisismo es una orientación por la que todo interés y toda pasión se dirigen a la propia persona. El narcisista sólo es consciente de lo exterior en tanto le afecte. Pero, dice Fromm la persona normal también es narcisista. El narcisismo puede esconderse detrás de tantas máscaras, que quizá sea la más difícil de descubrir, pero si logramos descubrirla y no la reducimos en gran medida, quedará obstruido el camino hacia nuestro propio perfeccionamiento.
El egoísmo, consecuencia del modo existencial del tener, es parecido pero no idéntico al narcisismo. El egoísta no es necesariamente narcisista. Puede haber roto la coraza de su narcisismo, pero lo quiere todo par sí; es una fortaleza incomunicada, receloso de los demás, ansioso de tomar y reacio a dar.
En cambio el narcisista de ningún modo tiene que ser también egoísta, estar orientado a la propiedad. Puede ser generoso, dadivoso y tierno, pero con la reserva de que no siente completamente al “otro” como real. Estas dos orientaciones – el narcisismo y el egoísmo - pocas veces se distinguen adecuadamente, por lo que es importante hacerlo para comprender que, si hemos de evolucionar, necesitamos una doble superación: la del propio narcisismo y la de la propia orientación al tener.
La primera condición para vencer el propio egoísmo es conocerlo. Es tarea más fácil que la de conocer el propio narcisismo, porque se tiene menos distorsionada la capacidad de juicio. El reconocimiento es condición necesaria para superarlo, pero de ningún modo es condición suficiente. Después, hay que hacerse consciente de las raíces de la orientación del tener, como la sensación de impotencia, el temor a la inseguridad, el miedo a al vida. Pero no es suficiente el conocimiento, este tiene que ir acompañado de cambios en la práctica. Se descubrirá entonces el miedo a perderse que surge cuando se piensa en perder las cosas que sirven de soporte al propio sentido del yo. Lo cual no quiere decir sólo desprenderse de unas cuantas posesiones, sino también, y más importante, desprenderse de costumbres, de ideas habituales, de la identificación con la posición social, incluso de las muletillas y de la opinión que tengan de uno los demás; en suma, tratar de reformar la conducta rutinaria en todos los terrenos, desde las costumbres del desayuno hasta los hábitos sexuales. Al intentarlo, se movilizarán los temores, y si no se cede a ellos, se acrecentará la confianza en poder conseguir lo aparentemente imposible y aumentará la valentía.
