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EL PROBLEMA DE LA LIBERTAD: DESDE LA PERSPECTIVA DEL PSICOANALISIS Y LA FILOSOFIA


(ENSAYO)


En este ensayo se pretende disertar un poco sobre una pregunta, a saber, ¿qué es la libertad? Aun cuando no se trate de un estudio filosófico, debido a los escasos conocimientos de historia de la filosofía de que dispongo, me interesa desarrollar este escrito en torno a dicha pregunta, ya que ella constituye el centro de toda teoría psicoanalítica y un tópico central en todas las la filosofías.


En su Mito de la caverna platón especifica de forma simbólica su visión de la condición humana y, en especial, su teoría del conocimiento con respecto a la realidad. Y pienso que esta metáfora es perfectamente elocuente cuando pensamos no solamente en términos filosóficos, sino también en términos psicoanalíticos, específicamente en la neurosis. No puede uno leer el Mito de la caverna sin maravillarse del genio del filósofo, ya que como un experto en de la mente humana, ha creado símbolos que se insertan perfectamente, como en un rompecabezas, en la condición humana cuando ha perdido la libertad para ver la realidad tal como es: lo único que pueden ver es el muro que se encuentra delante de ellos.


Quisiera citar el párrafo inicial del mito: “La escena se sitúa en una caverna que da al mundo exterior a través de un túnel lo suficientemente largo como para evitar la entrada del sol en el interior. Al entrar hay toda una fila de prisioneros que dan su espalda a la entrada y miran de frente a un gran muro situado al fondo de la caverna. Están del todo inmovilizados mediante unas argollas situadas en los pies y el cuello de forma que no pueden realizar el más mínimo movimiento, ni ver quién se encuentra a su lado, ni a sí mismos”. Sabemos que la neurosis es eso precisamente, el sujeto está atrapado en su propio narcisismo, no puede ver a nadie más que a sí mismo, o a su clan; ni las necesidades, ni los intereses de los demás cuentan, más que las suyas. En consecuencia no ama a nadie más que a sí mismo, o a los pseudópodos que de él se desprenden. Pero esto es una mentira porque el narcisista en realidad no se ama.


En otro párrafo, cito a Platón, “Pero, ¿qué ocurriría si uno de esos prisioneros se deshiciese de sus cadenas, escalara la muralla y dejase los dominios de la oscuridad para acceder a la claridad de la hoguera? Lo más probable es que, deslumbrado por los destellos de ésta y confundido ante la visión de la realidad circundante, quisiera volver atrás y colocarse de nuevo delante del muro de las sombras, que es la realidad a la que está acostumbrado”. En uno de sus trabajos sobre neurosis Freud hizo una analogía semejante a ésta para abordar el problema de la cura en los pacientes neuróticos. El sostenía que la “reacción terapéutica negativa”, que consiste en el rehusamiento de los pacientes a “sanar” para elegir permanecer en la enfermedad, era una especie de dique, de una solidez extraordinaria, al que hay que derribar, y que raras ocasiones se logra. Esta tendencia, decía Freud se debe al masoquismo subyacente en los neuróticos, y hace una alegoría similar a la de Platón: él pone por caso que un soldado que es enviado a la guerra, en la batalla pierde una pierna. A este soldado el estado lo ha compensado por la mutilación sufrida; lo pensiona de por vida y él, quien en un principio se sintió desgraciado en su condición de mutilado, después de un tiempo logra adaptarse a su nueva vida, de tal forma que si alguien le sugiriera restituirle su pierna (una prótesis, seguramente) que le permitiera desplazarse y reintegrarse a la vida productiva, el discapacitado rechazaría rotundamente la oferta, ya que, como los ojos de los presos de la caverna de Platón, que se han habituado a la oscuridad, y la luz del día los lastima, lo mismo el herido de guerra, se ha acostumbrado a una vida improductiva y a vivir de la caridad del estado. Lo mismo el neurótico se ha acostumbrado a un estilo de vida; estilo de vida que en sus inicios fue doloroso, pero con el tiempo se ha acostumbrado a ella y cambiar de modo de vida implica renunciar a su dependencia de otros o mejor dicho, a las ganancias secundarias que van de la mano con la enfermedad. Pero sobre todo, no desea curarse porque al hacerlo recuperaría su libertad y no sabría qué hacer con ella, es una carga demasiado pesada para él; implica hacerse responsable de sí mismo, cosa que no está dispuesto a asumir.


Pero, dice Sartre, parafraseando a Kant que la libertad se quiere a misma y se quiere en concreto, esto quiere decir simplemente que los actos de los hombres de buena fe tienen como última significación la búsqueda de la libertad como tal, por tanto, dice Sartre, el hombre está condenado a ser libre. Es libre para decidir lo que hará de sí mismo, porque el hombre no es otra cosa que lo que él se hace. Este es el primer principio del existencialismo y es un argumento del que se olvidan, o más bien desconocen y debieran conocer los que se encuentran deprimidos. Me parece hermoso el pasaje donde dice Sartre que el hombre que se compromete con su vida, dibuja su figura y fuera de esa figura no hay nada, todo lo demás serán ilusiones frustradas, esperanzas abortados y sueños fallidos. Uno no puede decir que no se casó porque no encontró una persona a quien amar. Entonces tenemos otra condición de la libertad, esta es compromiso.


Para Sartre el yo no es una serie de conductas fragmentarias sino una totalidad, y en esto coincide con Freud. El “proyecto original” se manifiesta en cada acto, grande o pequeño; pero de ninguna manera es equiparable a ningún suceso, decisión o fantasía del pasado, sino que es recreado en cada momento merced a las elecciones que hacemos y las acciones que ejecutamos. Y como siempre existe la posibilidad de una conversión radical, somos responsables de lo que somos, esto nos lleva a otra condición de la libertad y es muy probable que esta sea una de las razones principales por las que el neurótico se revuelve contra la cura: la condición principal de la libertad es la responsabilidad. La mayoría de la gente reclama más libertad, la exige. Estamos, dice Sartre condenados a ser libres. Llevamos sobre nuestros hombros el peso del mundo entero, porque somos responsables de él y de nosotros mismos en él. A menos que nos mintamos de mala fe, somos conscientes de ser los indiscutidos creadores de nuestros actos, aun de las dificultades y las barreras. Por lo tanto, observa Sartre, “no tiene sentido quejarse, ya que nada ajeno a nosotros ha decidido lo que sentimos, vivimos o somos. Así pues, los humanos somos creadores de nuestro mundo, o de nuestra situación, no hay situaciones que no sean humanas, aun las peores imaginables, como la guerra, son situaciones humanas. Y aun en los momentos más dramáticos, tenemos opciones. Esto me hace recordar a una paciente que sufrió la pérdida irreparable de su compañero de los últimos quince años de su vida. La pena era tan intensa y el dolor llegó por momentos a ser tan insoportable, que el único pensamiento que la consoló fue la posibilidad del suicidio, y paradójicamente fue la posibilidad del suicidio lo que la sostuvo durante el duelo. Ella pensaba que en el momento en que la pena se volviera insoportable se quitaría la vida, y así vivió un año con esta forma de consuelo, y sin darse cuenta pasado este tiempo el dolor fue disminuyendo hasta lograr su total restablecimiento.


En rigor, el caso clínico que acabo de citar es ilustrativo de los postulados de la filosofía existencialista, tal y como Sartre la planteó, es decir, como una doctrina optimista, y no como se le imputó, ser una doctrina pesimista. Finalmente, el suicidio era para la paciente la pequeña luz que brillaba al final del oscuro túnel del dolor, y la brillantez de esa luz alumbró y alimentó en ella la esperanza de que había una última solución al dolor, cuando este llegara a ser insoportable, y al final se curó. Por eso Sartre dijo que en el fondo lo que asusta en la doctrina que él trataba de exponer ¿no es el hecho de que deja una posibilidad de elección al hombre?


En su libro El arte de amar define al amor como una actitud hacia la vida, que la capacidad de amar presupone el logro de una orientación predominantemente productiva, en la que la persona ha superado la dependencia, la omnipotencia narcisista, el deseo de explotar a los demás, o de acumular, y ha adquirido fe en sus propios poderes humanos y coraje para confiar en su capacidad para alcanzar el logro de sus fines. En la misma medida que se carece de tales cualidades, uno tiene miedo de darse, y por tanto de amar. Además del elemento de dar, el carácter activo del amor se vuelve evidente en el hecho de que implica ciertos elementos básicos, comunes a todas las formas de amor. Estos elementos son:


Cuidado, responsabilidad, respeto y conocimiento


Todo lo anterior me lleva a concluir entonces que la libertad es lo más parecido al amor, o más aun, que la libertad es el pleno ejercicio del amor, y de manera análoga, el amor es el pleno ejercicio de la libertad.


BIBLIOGRAFIA


Fromm, E. El arte de amar. Paidós México 2000


Maggie, B. Historia de la filosofía. Planeta México 1999


Sartre, J.P. El existencialismo es un humanismo. Ediciones quinto sol, México 2007.

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